Él recorría las calles entre la frenética multitud cuando la vio. Apenas cruzaron miradas y ya sabían que se amarían eternamente.
–Hola, eres el amor de mi vida-, dijo él. –En verdad eres tú el mío-, respondió ella.
Luego de un breve silencio ella preguntó, ¿cuál sería tu máxima prueba de amor?
Sin pensarlo un instante, él dijo: –Te daría mi vida entera, pero la estoy ocupando-. Y siguió su camino hasta perderse en el gentío.
Joel González
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